Octavio Paz, hombre de letras
El presente año 2008 es un año de grandes aniversarios. Por mencionar sólo algunos de los más importantes, se cumplen 60 años de la Declaración Universal de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, cuatro décadas del contrastante 1968, la aparición del álbum blanco de los Beatles, acompañado por masivas rebeliones estudiantiles, como el mayo francés y su consigna “imaginación al poder”, la expansión del movimiento hippie desde las universidades norteamericanas en protesta por la guerra de Vietnam o la pacífica movilización estudiantil en el barrio de Tlatelolco en ciudad de México por reformas democráticas y que fue brutalmente reprimida por el gobierno.
Pero este año además se conmemora un aniversario no menos importante para la historia del mundo, especialmente de América Latina y sobre todo en México. Los 10 años de la muerte del escritor mexicano Octavio Paz, ocurrida el 19 de abril de 1998. Este poeta y ensayista, además de ser el último latinoamericano en recibir el Premio Nobel de Literatura en 1990, estuvo relacionado con la política mexicana.
A través de ensayos reunidos en libros como "El laberinto de la soledad" (1950-59), "Postdata" (1970), "El ogro filantrópico" (1979), "Tiempo nublado" (1983) o "Pequeña crónica de grandes días" (1990), Paz manifestó su más sentido repudio a los totalitarismos, las dictaduras militares, la hegemonía de las grandes potencias, las burocracias estatales y sindicales, el patrimonialismo, el centralismo, el populismo, el denominado arte comprometido, entre otros males que constituyen graves atentados a la libertad, la igualad y la dignidad de los hombres.
El Nobel mexicano fue un vigoroso defensor de la crítica y del pluralismo como pilares fundamentales de la vida política, la que concibió no sólo como el arte de gobernar sino esencialmente como arte de convivir y no el de imponer una determinada forma de vida a los distintos modos de vida humanos, sean individuales o colectivos. De ahí su más alto compromiso con la democracia como único medio posible para lograr cambios. Declaro en los estados unidos alguna vez “Sin democracia los cambios son contraproducentes; mejor dicho: no son cambios”. Congruente con sus pensamientos, presento su renuncia como embajador de México en la India a raíz de su enorme indignación por la matanza en Tlatelolco.
La demagogia es la realidad que la pluma de Paz observa en las democracias latinoamericanas, invadidas por la corrupción y el secretismo, dos virtudes cardinales de nuestra anti moderna tradición patrimonialista heredada de la Contrarreforma hispánica. América Latina debe tener voluntad de asumir que la libre crítica es la piedra angular de la conversación política. De lo contrario, continuarán soplando los vientos de autoritarismo espirados por ese “ogro filantrópico” que sólo conocemos por la inmensidad de sus devastaciones.
Sin embargo, allí está la sombra de un Octavio Paz arrojada por sus palabras para decirnos nuevamente que “la crítica es el aprendizaje de la imaginación en su segunda vuelta, la imaginación curada de fantasía y decidida a afrontar la realidad del mundo”, la crítica que nos dice que “debemos aprender a disolver los ídolos: aprender a disolverlos dentro de nosotros mismos” y que “tenemos que aprender a ser aire, sueño en libertad”. Imaginación al poder y poder de la imaginación. Este año se celebran muchos aniversarios importantes, y lo serán más si se aprende algo de ellos
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