lunes, 21 de abril de 2008

Cambio de vida

CAMBIO DE VIDA

Por Diana Vanessa Linarte González.

“COMPARTIR O NO COMPARTIR”

Cuando una pareja de novios o esposos o simplemente “rejuntados” se debe suponer que comparten todo, y cuando digo todo, me refiero a TODO, riqueza, pobreza, problemas, alegrías, obligaciones y derechos, o al menos eso pienso.

Tal vez de novios no sea tanto, no veo el inconveniente de que si van al cine se dividan los gastos, o “una vez tú y una vez yo” por aquello de que quizá no tengan los dos un ingreso fijo. Pero ya como pareja, me parece que es bueno que compartan los gastos y que ninguno tenga que mantener al otro, todo por igual.

Si juran ante Dios amarse, respetarse, apoyarse en las buenas y en las malas, en la salud y en la enfermedad, en lo próspero y en lo adverso, ¿Por qué no lo cumplen? Y hablo de las dos partes, no sólo del hombre. En estos años ya existen mujeres que imitan las acciones deplorables que realizan los hombres.

Qué feo sería que diciéndose que se aman, que son el amor de su vida, de momento les dijeran: “es tu bronca”, mientras entre ellos estén bien, lo demás lo resuelven cada quien como pueda. ¡No se vale!

Se supone que la pareja te debe de acompañar, de apoyar, de reconfortar y viceversa. Creo que por eso se unen a lo que algunos llaman “media naranja” o “alma gemela”, para compartir el resto de su vida con ella, para no estar solos.

El hecho es que muchas parejas no entienden la importancia de unirse a otro y otra y el resultado son miles de divorcios al año.

Definitivamente el unirse a otra persona para formar una familia no es fácil, pero tampoco es imposible. Y tal vez el noviazgo sea un entrenamiento para lo que sigue, si en esa etapa funciona, la siguiente no será tan complicada. El querer es poder.

1 comentario:

filosofo del amor dijo...

Destino

Matamos lo que amamos. Lo demás
no ha estado vivo nunca.
Ninguno está tan cerca. A ningún otro hiere
un olvido, una ausencia, a veces menos.
Matamos lo que amamos. ¡Que cese ya esta asfixia
de respirar con un pulmón ajeno!
El aire no es bastante
para los dos. Y no basta la tierra
para los cuerpos juntos
y la ración de la esperanza es poca
y el dolor no se puede compartir.

El hombre es animal de soledades,
ciervo con una flecha en el ijar
que huye y se desangra.

¡Ah! pero el odio, su fijeza insomne
de pupilas de vidrio; su actitud
que es a la vez reposo y amenaza.

El ciervo va a beber y en el agua aparece
el reflejo de un tigre.
El ciervo bebe el agua y la imagen. Se vuelve
- antes que lo devoren - ( cómplice, fascinado )
igual a su enemigo.

Damos la vida sólo a lo que odiamos.