lunes, 31 de marzo de 2008

MEDIOCRE

MEDIOCRE

Por: Gabriela del Mar Díaz Enríquez

“Te paraliza o te empuja”

Tanta gente diferente, eso se sabe, pero, ¿Por qué? Algunos se comportan de tal forma que parece que nada ni nadie les importa más que ellos. Otros tienen todo para triunfar pero deciden que es más fácil robar a los demás. Hay quienes tienen relaciones amorosas enfermizas o quien ni siquiera tiene ese amor. Algunos más sólo llaman la atención a gritos.

Estos diferentes comportamientos se pueden dar a causa del miedo, miedo a ser uno mismo, al éxito, a la soledad, a que los lastimen, a que nadie los oiga o por el miedo más puro; el miedo a sentir miedo.

Entonces ¿es el miedo el culpable de una sociedad perturbada o es la persona y la manera en que lo canaliza?

El miedo es el misterio de la mente que te hace temblar y cometer estupideces, no permite ver acción; paraliza.

Es un error de la mente, el cerebro nos juega mal con ayuda de la amígdala, encargada de poner en marcha una sustancia que va directo al hipotálamo, quien da una respuesta, agudiza los sentidos y nos da un síndrome de ataque, pero en lugar de esto podemos aprender a domesticar a nuestro sistema nervioso.

Como exterminar este miedo, no pensar, no detenerse a analizar en todo lo que puede pasar, tener control mental, ocuparnos en lugar de preocuparnos, pues al tener más miedo, hay mayor peligro, si sé teme hay magnetismo y atrae los mayores males, por esto los monjes budistas de Japón están tranquilos y serenos incapacitados al temor.

Cuando fue la primera vez que sientes un hueco en el estomago, las piernas no quieren moverse, los vellos se te ponen de punta, el corazón se acelera a tal grado que pareciera quiere salir del pecho y en lo único que piensas es en que tienes miedo, tal vez tenias dos, tres, por mucho cuatro años de edad, apenas razonas, en está época puedes llorar, y mamá o papá van a correr a tu lado, pero, que pasa cuando ya no están para abrazarte, creces, ya tienes echa tu identidad y decides por ti sólo, vas a irte por el camino en el que el corazón no se mueva o prefieres vivir al limite.

Por qué con el miedo sólo hay dos caminos: te paraliza o te empuja.

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