MEDIOCRE
Por: Gabriela del Mar Díaz Enríquez
“Sin él ya no es lo mismo ”
Fue horrible, algo dentro de mí desaparecía, mientras desesperadamente buscaba en mi bolsa y no estaba. Decidí tranquilizarme y saque cosa por cosa, pero no, ese pequeño aparato que se volvió mi compañía en todo momento no estaba. Un ser inhumano, amante de lo ajeno decidió quitármelo, pero bueno, ese no es el punto. El punto es la tristeza que un celular robado me hizo sentir.
Estoy segura que ese sentimiento no solo yo he sentido. A cualquiera que no encuentra, le roban o se descompone el teléfono móvil siente una desesperación casi igual a la que sentiría si una mano, un pie, un ojo o cualquier extremidad u órgano indispensable dejará de funcionar, bueno quizás exagero.
Lo que sí es verdad es que la tecnología nos ha llevado a depender de ella o ¿nosotros no hemos dejado manipular por ella? como sea, ¿qué es más triste perder el celular o darnos cuenta de la dependencia que tenemos hacia ellos? Yo creo que lo segundo, porque me he dado cuenta de las tonterías como ponernos a llorar, correr atrás del autobús que se lo llevó, marcar hasta que nos cansemos de escuchar “el número que usted marco se encuentra apagado o fuera del área de servicio” antes de querer aceptar que nuestro “amigo” ya no está.
Pero la paradoja está en que mientras más comunicados y localizables, más solos nos sentimos. Los mensajes SMS son una comunicación fría y como al leer cada quien le da intención que quiere y grandes peleas amorosas, entre amigos, familiares, de trabajo desencadenan.
El celular sirve para que nos hablen cuando quieran, nos encuentren aún cuando no queremos ser localizados, sea despertador, escuchar música, tomar fotos, grabar, nada más falta que piense por nosotros. También nos da un “status social” ente más funciones eres ¿más? (según, por que ahora los celulares están al alcance de todos).
Que cariño tan grande y al mismo tiempo repulsión por esclavizarme puedo sentir por los celulares.
Después de estar una semana triste por la “perdida” de mi celular, tarde casi un año en tener otro y fue por mi madre y amigos que me pedían comprará uno para que pudieran localizarme. Yo me rehusaba ¿para que quería otro móvil? sí podía correr con la misma suerte que su antecesor y es como una relación amorosa, uno sufre y sabemos que un clavo no saca otro clavo.
Lo que es seguro es que con o sin celular ya no es lo mismo.
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