Por: Ernesto Granados-Acoltzin.
Existen dentro de la vida cotidiana que da nombre a esta columna, situaciones que al día de hoy no tienen nada de nuevas, actos que puede ser muchos incluso anhelen. Este es el caso de acumular grandes riquezas, o la dependencia de las drogas. SI bien para nosotros hablar de estas situaciones no abarca ningún problema, para
Cuando
Así no puede dejar de sorprender el anuncio del Vaticano acerca de varios nuevos pecados, llamados pecados sociales:
1. Las violaciones bioéticas, como la anticoncepción. 2. Los experimentos moralmente dudosos, como la investigación en células madre. 3. La drogadicción. 4. Contaminar el medio ambiente. 5. Contribuir a ampliar la brecha entre los ricos y los pobres. 6. La riqueza excesiva. 7. Generar pobreza.
Estos pecados representan, al igual que los pecados capitales lo que constituye el mal, en concreto, tratar a los seres humanos como un objeto o como un medio que es utilizado en propio beneficio, y no como un respetable fin en sí mismo.
Nadie puede negar que la aspiración de nuestro desarrollo social e individual, se ha centrado en encontrar la virtud y una cierta versión de la perfección en estos siete principios. La cuestión, si así la vemos, radica creo yo, en que si hiciéramos un paralelismo entre aquella y nuestra época las cosas no parecen tan amables.
La gran diferencia, creo yo, entre estos y aquellos pecados, se reducen a un detalle pequeño, pero significativo. En la edad media habían menos formas de pecar por el atraso de la técnica. Nuestra inteligencia nos sirve para hacer trampa. ¿Por qué si no ha avanzado la química de las drogas si no es para generar riquezas y crear adicción? Como avanza el tiempo también
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